Si ha Tenido el Cáncer, Conoce esta Mirada

Bob Riter, bob@crcfl.net

Me encanta cuando alguien me sugiere ideas para mi columna.

Ayer, estaba caminando através del cuarto de quimioterapia y alguien me pidió que se le acercara. Me dijo, “Me encantaría si escribieras una columna diciéndole a la gente que no me den “esa mirada.”

“¿Qué mirada?” le pregunté.

“Esa mirada de gran piedad.” (Al principio pensé que ella había dicho, “ornitorrinco” que se me ocurría en una forma no muy concreta que era un tipo de animal que parecía bien estrano. Me pregunté por qué alguien le hubiera hecho caras de ornitorrinco a ella.

Al notar que yo estaba confundido, ella continuó con, “ornitorrinco.” Al estar diagnosticada con el cáncer, todo el mundo me empezó dando una mirada como que hubiese sido un desconocido.”

Yo reconocía la mirada a la cual ella se refería. Cuando yo fui diagnosticado, gente me miraba con expresiones bien serias y con sus cabezas echadas a un lado como que pudieran mirar hacia mi espiritú. Esa mirada siempre me desorientaba, especialmente a la hora de almuerzo.

Decidí tomar el papel de investigative reporter y le pregunte a otros que han tenido cáncer si jamás habían visto esa mirada.

Una senora me dijo que ella conocía esa mirada, pero no le molestaba porque ella sabía que venía de los buenos sentidos de la persona. “Por supuesto tenemos una lista de cosas que quisiéramos que gente digan o hagan idealmente, pero el cáncer da miedo y es un tema muy emocional. Las caras sérias, lo ojos llenos de lágrimas, y sugerencias de que seamos fuertes no son cosas ideales, pero demuestran que te apoyan y tienen en mente por lo que estás pasando.”

Otra persona me dijo que ella también conocía esa mirada, pero lo que le molestaba más era cuando uno la ignoraba. “Algunos que previamente siempre me miraban directamente al hablarme o decir los buenos días, ahora divierten sus ojos y se alejan rápidamente temiendo que una conversación podrá empezar.”

Al tener cáncer uno no le da esa mirada a otro con cáncer al ser presentado. Una enfermera me dijo, “Es como ustedes con cáncer tienen su propia sociedad secreta.” Estoy de acuerdo con ella. Es por esta razón que pasando tiempo con otros que tienen cáncer ayuda a uno muchísimo. El cáncer no es un secreto increíble que todo el mundo sabe en el cuarto. Si se quiere hablar de cáncer, bien. Si no se quiere hablar del cáncer, está bien también.

Temo que al decir todo esto le he hecho al lector de esta columna tener miedo de que harán una cara incorrecta o dirán algo no apropiado al comunicar con alguien con cáncer. No se preocupen. La intensión sincera es mucho más importante que lo que digas o la expresión en su cara.

Lo más importante que se debe recordar es que su amigo que ahora tiene cáncer es la misma persona que ella o él era antes de haberlo tenido. Si le gustaba un abrazo antes, a ella le gustará uno ahora. Si ella era una persona que le gustaba ser privada antes, será igual ahora.

Si no sabe que decir al primer encontrarte con ella al recién estar diagnosticada con cáncer, trate, “Que pena me da.” Es básico, honesto y máximamente humano.


Este artículo fue publicado en inglés en, “The Ithaca Journal”, 29 de abril del 2009.

Traducido por Irma Almirall-Padamsee.